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120-El abuelo y su nieto

Había una vez un hombre muy anciano, cuyos ojos no veían
claro, sus oídos oían débilmente, le temblaban las rodillas, y
cuando se sentaba a la mesa apenas podía sostener la
cuchara, y derramaba el caldo sobre el mantel, o se le
caía de su boca. Su hijo y la esposa de su hijo estaban
disgustados por esto, por lo que el abuelo al fin tuvo que
sentarse en un rincón detrás de la estufa, y le daban su
comida en un cuenco de barro, y ni siquiera contenía lo
suficiente. Y él solía mirar hacia la mesa con los
ojos llenos de lágrimas. Una vez también, sus manos
temblorosas no pudieron sostener la taza, y cayó al suelo y
se rompió. La joven esposa lo regañó, pero el anciano no
dijo nada y sólo suspiró. Entonces le compraron un
feo plato de madera por unos pocos céntimos, en el cual
él tenía que comer.
Un día en que se encontraban todos sentados junto con el nieto de cuatro
años de edad, éste empezó a reunir algunos pedazos de
madera en el suelo.
-"¿Qué estás haciendo?"- preguntó el padre.
-"Estoy guardando pedacitos de madera"-, respondió el
niño, -"para cuando yo sea grande, tener en que darles de comer a mi
padre y a mi madre."-
El hombre y su esposa se miraron por un
tiempo, y finalmente se echaron a llorar. Luego se
llevaron al abuelo a la mesa, y en adelante siempre siguió
comiendo con ellos, e igualmente no volvieron a recriminarlo
si derramaba un poco de algo.
Enseñanza:
El
respeto, comprensión y cariño hacia los mayores tiene que ser parte
indispensable de nuestro diario vivir.

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