117-El Joven que no Sabía Asustarse 
Un padre tenía dos hijos, el mayor de
los cuales era inteligente y sensible, y podía hacerlo
todo, pero el joven era estúpido y no podía aprender ni
entender nada, y cuando la gente lo veía, decían,
-"¡Hay cierta persona que dará a su padre
algunos problemas!"-
Cuando algo se tenía que hacer, siempre era el
mayor quien se veía obligado a hacerlo, pero si su padre le
mandaba a buscar cualquier cosa cuando ya era tarde, o
en la noche, y el camino conducía a través de la
iglesia, o cualquier otro lugar de meditación, él contestaba:
-"Oh, no, padre, yo no voy allí, eso
me hace estremecer, me asusta, me da miedo!"- porque realmente
sentía miedo.
O cuando en grupo se contaban historias junto al
fuego en la noche que hacían poner la carne de gallina, los
oyentes a veces decían:
-"¡Oh, eso nos asusta!"-
El hijo joven se sentaba en una esquina
y escuchaba con el resto del grupo, y no podía
imaginarse lo que aquello podría significar.
-"Siempre dicen ¡que eso me hace
estremecer, me asusta! Pero a mi no me hace estremecer, no sé
que significa 'me asusta' "-,
pensó.
-"Eso de asustarse también debe ser un
arte del que no entiendo nada."-
Ahora bien, sucedió que su padre le
dijo un día:
-"Óyeme tú, compañero en la esquina,
tú que estás creciendo alto y fuerte, debes aprender algo con
lo que puedas ganarte tu vida. Mira que tu
hermano funciona, pero tú ni siquiera te ganas tu
comida."-
-"Bueno, padre,"- contestó él,
-"estoy dispuesto a aprender algo. De hecho, si se pudiera, me
gustaría saber lo que es asustarse porque aún no entiendo lo
que es eso."-
El hermano mayor sonrió al escuchar aquello,
y pensó para sí:
-"¡Dios mío, qué tonto que es mi
hermano! Nunca será bueno para cualquier cosa mientras él
viva. El que quiere ser una hoz que se
encurve primero."-
El padre suspiró y le contestó:
-"Pronto tú aprenderás lo que es
asustarse, pero no podrás ganar tu pan con eso."-
Poco después el sacristán fue a la
casa de visita, y el padre le explicó su problema, y le
dijo que su hijo menor estaba tan atrasado en todos los
aspectos que no sabía nada y no aprendía nada.
-"Sólo piensa"-, dijo, -"cuando le
pregunté cómo iba a ganarse el pan, dijo que en
realidad él quería aprender a asustarse."-
-"Si eso es todo"-, respondió el
sacristán."-podrá aprenderlo conmigo. Mándamelo, y pronto
lo afinaré."-
El padre estaba contento de hacerlo, pues
pensó:
-"Va a entrenar al chico un poco."-
El sacristán por lo tanto, lo llevó a
su casa, y tenía que tocar la campana. Después de un
día o dos, el sacristán lo despertó a media
noche, y le mandó levantarse y subir a la torre
de la iglesia y tocar la campana.
-"Pronto aprenderás lo que es
asustarse"-, pensó.
Y en secreto se fue antes que él, y
cuando el muchacho estaba en la parte superior de la torre
y se dio vuelta, y estaba a punto de apoderarse de
la cuerda de la campana, vio a un figura blanca de pie en
las escaleras frente al agujero de resonancia.
-"¿Quién está allí?" -gritó.
Pero la figura no respondió, ni se movió.
-"Dame una respuesta"-, exclamó el
joven, -"o te sacaré, pues no tienes nada que hacer
aquí en la noche."-
El sacristán, sin embargo,
permaneció inmóvil de modo que el joven pudiera pensar que
era un fantasma. El chico gritó por segunda vez,
-"¿Qué quieres aquí? Habla,
si tú eres un hombre de bien, o te voy
a tirar por las escaleras"-
El sacristán pensó:
-"Él no puede pretender ser tan malo
como sus palabras,"- y no pronunció ningún sonido y
se quedó como si estuviera hecho de piedra.
Entonces el joven le llamó por tercera
vez, y como también fue en vano, corrió contra él y
empujó al fantasma por las escaleras, por lo que cayó diez
gradas y quedó tendido en un rincón. Entonces tocó la
campana, regresó a la casa, y sin decir una
palabra fue a la cama y se durmió. La esposa
del sacristán había esperado mucho tiempo por su marido, pero
él no regresaba. Por fin, se
inquietó y despertó al chico, y le preguntó:
-"¿No sabes dónde está mi
esposo? Subió a la torre antes de que tú lo
hicieras."-
-"No, yo no lo
sé"-, respondió el muchacho, -"pero
alguien estaba de pie por el agujero de resonancia al otro
lado de la escalera, y como él no me daba una respuesta,
ni se iba, lo empujé , y lo lanzé escaleras
abajo, sólo tiene que ir allí y verás si era
él. Lamentaría si lo fuera."-
La mujer salió corriendo y encontró a
su marido, que yacía gimiendo en la esquina, y a quien se
le había roto una pierna.
Ella lo llevó hacia abajo, y luego,
con fuertes gritos se apresuró a increpar al padre del
joven.
-"¡Su
hijo"-, exclamó, -"ha sido la causa de una gran
desgracia! Ha tirado a mi marido por las escaleras y le
hizo romper su pierna. Llévate al bueno-para-nada de
nuestra casa."-
El padre se asustó y corrió hasta
allí y regañó al joven.
-"¿Qué trucos malos
son estos?"- , dijo, -"el diablo debe de haber
puesto esto en tu cabeza."-
-"Padre,"- contestó él,
-"escúchame. Yo soy inocente. Él estaba allí en la
noche como quien tiene la intención de hacer algo malo. Yo
no sabía quién era, y yo le rogué tres veces que
hablara o que se fuera."-
-"Ah"-, dijo el
padre, -"Estoy muy descontento contigo. Sal de mi
vista. No quiero verte nunca más."-
-"Sí, padre, con verdadero interés
esperaré a que sea de día. Entonces voy a seguir
adelante y conoceré lo que es asustarse, y en algún momento
aprenderé algún oficio que me de soporte para vivir."-
-"Aprende lo que quieras"-, habló
elpadre, -"todo es lo mismo para mí. Aquí
están cincuenta duros para ti. Ve por el mundo, y
a nadie digas de dónde vienes ni quién es tu padre,
porque tengo razones para estar avergonzado de ti."-
-"Sí, padre, será como usted
espera. Si usted no desea nada más que eso, puedo tenerlo en
cuenta."-
Cuando amaneció, el chico se puso los
cincuenta duros en el bolsillo, y salió a la gran
carretera, y continuamente se decía a sí mismo:
-"¡Si pudiera asustarme, si yo pudiera
tener miedo!"-
Entonces se le acercó un hombre que escuchó
la conversación que el joven llevaba consigo, y cuando
habían caminado un poco más lejos, desde donde se podía ver
una horca, el hombre le dijo:
-"Mira, ahí está el árbol
donde están siete hombres que se han casado con la hija
del cordelero, y ahora están aprendiendo a
volar. Siéntate debajo de él, y espera hasta que llegue la
noche,y rápido aprenderás a asustarte."-
-"Si eso fuera todo"-, contestó el
joven, -"es fácil de hacer, pero si llego a conocer lo
que es el miedo tan rápido como eso, así de rápido que tendrás
mis cincuenta duros"-. -"Ven de nuevo por
mí por la mañana."-, terminó diciendo.
Entonces el joven se fue a la horca, se
sentó debajo de ella, y esperó hasta que llegó la
noche. Y como tenía frío, encendió un fuego, pero a media
noche el viento soplaba tan fuerte que, a pesar de su
fuego, no podía entrar en calor.
Y como el viento golpeaba a los
ahorcados entre sí, y se movían hacia atrás y hacia
delante, pensó para sí: -"Tú te calientas aquí
abajo por el fuego, pero ¿cuánto se deben congelar y sufrir
esos de arriba?"-Y como él se compadeció de ellos, levantó la
escalera, y subió, y desató uno después del otro, y bajó a
los siete. Luego, atizó el fuego, sopló, y los
puso a su alrededor para que entraran en calor. Sin
embargo, se sentaron allí y no se movían, y el fuego
prendió sus ropas. Y él dijo:
-"Tengan cuidado, no sea que los
cuelgue de nuevo."-
Los muertos, sin embargo, no oían, y permanecían
muy silenciosos, y sus ropas seguían quemándose.
Por esto, se enojó, y dijo:
-"¡Si no actúan, yo no les puedo ayudar, y
no voy a ser quemado con ustedes!"-, y
los colgó de nuevo a cada uno en su puesto.
Luego se sentó junto al fuego y se quedó
dormido, y a la mañana siguiente el hombre se acercó a él
y quiso tener los cincuenta duros, y dijo:
-"Bueno,¿sabes lo que es asustarse?"-
-"No"-, respondió, -"¿cómo
iba a llegar a saberlo? Esos tipos que están arriba,
no abrían la boca, y eran tan estúpidos que dejaron
que los pocos trapos viejos que tenían en sus cuerpos se
quemaran."-
Entonces el hombre vio que no iba
a obtener los cincuenta duros ese día, y se alejó diciendo:
-"Nunca antes me había encontrado un tipo tan
extraño como éste."-
El joven continuó su camino, y una vez más
comenzó a murmurar para sí:
-"¡Ah, si pudiera asustarme!, ¡Ah, si
yo pudiera tener miedo!"-
Un carretero que estaba
caminando detrás de él lo escuchó y le preguntó:

-"¿Quién eres tú?"-
-"No sé"-,respondió el joven.
Entonces el carretero preguntó:
-"¿De dónde vienes?"-
-"No lo sé."-
-"¿Quién es tu padre?"-
-"No puedo decirte."-
"¿Qué es lo que tú estás
siempre murmurando entre dientes?"-
-"¡Ah!"-, contestó el
joven, -"deseo llegar a tener miedo, a asustarme, pero nadie me
puede enseñar cómo hacerlo."-
-"Renuncia
a tu cháchara tonta"-, dijo el
carretero. -"Vamos, ven conmigo, tengo un lugar para
ti."-
El joven se fue con el carretero, y por
la tarde llegaron a una posada donde podían pasar la
noche. A la entrada de la sala, el joven de nuevo, dijo en
voz muy alta:
-"¡Si pudiera tener miedo, si
yo pudiera asustarme!"-
El anfitrión, que oyó esto, se rió
y dijo:
-"Si ese es su deseo, aquí hay una
buena oportunidad para ti."-
-"¡Ah, cállate!"-, dijo la dueña
de casa, -"tantas personas indiscretas ya han perdido la
vida, que sería una pena y una vergüenza si unos ojos
tan hermosos como estos no pudieran ver la luz del día
de nuevo."-
Pero el joven dijo:
-"Por muy difícil que sea, voy
a aprender y para eso es que he viajado tanto."-
Y no dejó al anfitrión tener descanso, hasta que
éste le dijo que no lejos de allí había un castillo
encantado donde cualquiera podría aprender con
facilidad lo que era el miedo, pero si quería fuera a
estarse allá durante tres noches.
El rey había prometido que el que se
atreviera a hacerlo, tendría a su hija por esposa, y ella era la
más hermosa doncella sobre la que el sol brillaba. Grandes
tesoros también estaban en el castillo, que eran
custodiados por espíritus malignos, y estos tesoros quedarían
liberados, y convertirían a un hombre pobre
en rico. Ya muchos hombres habían entrado en el
castillo, pero hasta ahora ninguno había vuelto a
salir. Entonces el joven se fue a la mañana siguiente donde
el rey y le preguntó si le permitiría estar
tres noches en el castillo encantado.
El rey lo miró, y como el joven le
agradaba, dijo,
-"Bien puedes pedir tres cosas a tener
en el castillo contigo, pero deben ser cosas
sin vida."-
A lo que él respondió,
-"Entonces le pido un fuego, un
torno y un tajo con un cuchillo."-
El rey le envió estas cosas al castillo para
él durante el día. Cuando la noche llegaba, el joven se
fue al castillo e hizo un brillante fuego en una de las
habitaciones, colocó el tajo y el cuchillo al lado de él, y se
sentó en el torno.
-"¡Ah, si pudiera tener miedo!"- ,
dijo, -"Pero yo no voy a conocerlo aquí
tampoco."-
Hacia la media noche comenzó
a atizar su fuego, y cuando lo estaba soplando,
algo gritó de repente desde una esquina,
-"¡Au, miau! ¡Que fríos que
estamos!"-
-"¡Ustedes tontos!"- ,
gritó, -"¿por qué se quejan? Si tienen frío, vengan y
siéntense junto al fuego para que los caliente."-
Y cuando hubo dicho esto, dos gatos
negros grandes llegaron con un tremendo salto y se
sentaron a cada lado de él, y lo miraban salvajemente con
sus ojos de fuego.
Después de un corto período de tiempo,
cuando se habían calentado, los gatos dijeron:
-"Camarada, ¿podríamos tener un
juego a las cartas?"-
-"¿Por qué no?"- contestó,
-"pero sólo me muestran las patas."-
Y extendieron sus garras.
-"¡Oh!"-, dijo, -"¡Que uñas
tan largas que tienen! Esperen, primero se las tendré
que cortar."-
Entonces él los agarró por las gargantas,
los puso en el tajo y rápidamente les
atornilló sus pies.
-"He visto sus dedos"-,
dijo, -"y mi interés para jugar a las cartas se ha
ido"-, y él los mató y los arrojó en el agua.
Sin embargo, cuando él había acabado con
estos dos, y estaba a punto de volver a sentarse junto al
fuego, desde todos los hoyos y esquinas salieron gatos y perros
negros arrastrando cadenas rojas y cada vez más y más de
ellos hasta que no cabían más, y gritaban horriblemente,
y se acercaron al fuego, y lo tiraban en pedazos tratando
de apagarlo. Él los miró por un rato en silencio,
pero al final, cuando ya habían actuado demasiado, tomó su cuchillo
de cortar, y gritó:
-"¡Fuera con
vosotros, bichos!"-, y comenzó a cortarlos.
Parte de ellos escaparon,
otros murieron y los arrojó al estanque.
Cuando regresó, avivó las brasas de la hoguera de
nuevo y se calentaba. Y mientras tanto, sentado, sus ojos ya no se
mantenían abiertos, y sintió un deseo de dormir. Miró a su alrededor y
vio una gran cama en la esquina.
-"Esa es exactamente para mí"-, dijo, y se
metió en ella.
Cuando estaba a punto de cerrar los ojos, sin embargo,
la cama comenzó a moverse por su propia cuenta, y se fue recorriendo todo el
castillo.
-"Eso está muy bien "-, dijo, -"pero ve
más rápido."-
Entonces la cama corrió como si tuviera seis caballos
enganchados a ella, hacia arriba y hacia abajo, en los umbrales y en los
pasillos, pero de repente hop, hop, dio vuelta al revés , y se posó sobre él como una montaña. Pero él lanzó edredones y almohadas en el aire,
se levantó y dijo:
-"Ahora, cualquier persona que guste, puede
conducirte"-, y se acostó junto al fuego, y se durmió hasta que se hizo de
día.
Por la mañana, el Rey llegó, y cuando lo vio tirado
en el suelo, pensó que los malos espíritus lo habían matado y que estaba
muerto y dijo:
-"Después de todo, es una lástima, es un hombre
guapo ... "-
El joven lo escuchó, se levantó y
dijo:
-"No he llegado a saberlo todavía."-
Entonces el rey se sorprendió, pero muy
alegre, y le preguntó cómo le había ido.
-"Muy bien"-, respondió, -"he
pasado una noche, las otras dos recibirán más de lo
mismo."-
Luego se dirigió al posadero, que abrió los
ojos muy abiertos, y le dijo:
-"No esperaba verte vivo otra
vez! ¿No has aprendido a asustarte ya?"-
-"No,"- dijo,-"todo es en
vano. ¡Si alguien me lo pudiera enseñar!"-
La segunda noche fue de nuevo arriba al antiguo castillo, se sentó junto al fuego, y una vez
más comenzó su vieja canción,
-"Si pudiera asustarme."-
Cuando llegó la medianoche, un gran
alboroto y ruido de cosas cayendo se oyó. Al principio
era bajo, pero cada vez se hacía más fuerte. Luego hubo
silencio por un rato, y al final, con un fuerte grito, medio
hombre bajó por la chimenea y cayó delante de él.
-"¡Hola!"- , gritó, -"La otra
mitad pertenece a esta. Esto es muy poco!"-
Entonces el alboroto comenzó de nuevo, hubo
un estruendo y más gritos, y la otra
mitad cayó también.
-"Espera"-, dijo el joven, -"voy
a atizar el fuego un poco para ti."-
Cuando hubo hecho eso, y miró a su
alrededor una vez más, las dos piezas se unieron, y un
hombre espantoso estaba sentado en su asiento.
-"Eso no es parte de
nuestro trato"-, dijo el chico, -"el banco es
mío."-
El hombre quería alejarlo, pero él, sin
embargo, no permitiría eso, y echó al hombre afuera con todas sus
fuerzas, y se sentó de nuevo en su lugar. Entonces todavía
más hombres cayeron, uno tras otro, y traían las piernas de nueve
hombres muertos y dos calaveras, y los armó y jugó a los
bolos con ellos. El joven también quería jugar y
dijo:
-"Oye tú, ¿puedo jugar?"-
-"Sí, si tienes dinero."-
-"Tengo
dinero suficiente"-, respondió, -"pero las bolas
no son muy redondas."-
Entonces tomó los cráneos y los puso en
el torno y los pulió hasta que estuvieron redondos.
-"Ahora, se
deslizarán mejor!"- , dijo. -"¡Hurra! ¡Ahora
van bellamente!"-
Jugó con ellos y perdió algo de su dinero,
pero cuando dieron las doce todo desapareció de su vista. Se acostó
y se durmió tranquilamente. A la mañana siguiente el rey
volvió a preguntar por él.
-"¿Cómo te ha ido esta vez?"-,
preguntó.
-"He estado jugando a los bolos"-,
respondió, -"y he perdido un par de monedas."-

-"¿No te asustaste entonces?"-
-"Eh, ¿qué?"- , dijo, -"pasé muy
feliz. ¡Podría haber hecho de todo, menos saber que es asustarse!"-
La tercera noche se sentó de nuevo en su
banco y se dijo muy tristemente:
-"Si pudiera asustarme."-
Cuando se hizo tarde, seis hombres muy
altos entraron y traían un ataúd. Luego el joven dijo:
-"Ja, ja, ese es sin duda mi primo,
que murió pocos días atrás"-, y le hizo señas con el
dedo y gritó: -"¡Ven, primo, ven."-
Pusieron el ataúd en el suelo, y el joven se
acercó a él y abrió la cubierta, y un hombre muerto
yacía en el mismo. Le palpó su rostro, pero estaba
frío como el hielo.
-"Espera"-, dijo, -"yo
te calentaré un poco"-, y fue hasta el
fuego a calentar su mano y la puso en la cara del
muerto, pero siguió frío.
Entonces él lo sacó, se sentó junto al
fuego y lo puso sobre su pecho y le frotó los brazos para
que la sangre pudiera circularle de nuevo. Pero como esto no
sirvió de nada, pensó para sí:
-"Cuando dos personas se encuentran en la
cama, se calientan entre sí"-, y lo llevó a la cama,
lo cubrió más y se acostó a su lado.
Después de un corto período de tiempo el
muerto se calentó demasiado, y comenzó a
moverse. Entonces dijo el joven:
-"Mira, primo,
¿no te calientas?"-
El muerto, sin embargo, se levantó y gritó:
-"¡Ahora yo te estrangularé!"-
-"¡Qué!"- , dijo, -"¿es esa la
manera en que tú me agradeces? Entrarás en tu ataúd de
nuevo."-
Y él lo tomó, y lo arrojó adentro, y
cerró la tapa. Luego vinieron los seis hombres y se lo
llevaron de nuevo.
-"Aún no he aprendido a asustarme"-,
dijo. -"Jamás lo aprenderé en toda mi vida."-
Entonces entró un hombre que era más
alto que todos los demás, y se veía muy mal. Era
viejo, y tenía una larga barba blanca.
-"Tú, miserable"-, exclamó, -"pronto aprenderás
a asustarte, porque morirás."-
-"No tan rápido"-, contestó el
joven. -"Si voy a morir, tengo algo que decir."-
-"Pronto te tomaré"-, dijo el
extraño. -
-"Suave, suave, en voz baja, no hables tan
alto. Estoy tan fuerte como tú, y tal vez aún más
fuerte."- respondió el joven.
"Ya veremos"-, dijo el
hombre. -"Si tú eres más fuerte, te
dejaré ir. Ven, vamos a probarlo."-
Luego se lo llevó por pasillos
oscuros hasta una herrería, tomó un mazo, y
con un solo golpe hundió un yunque en el suelo.
-"Puedo hacerlo mejor"-, dijo el
joven, y se fue a otro yunque.
El viejo se colocó cerca y
quería mirar, y su barba blanca le colgaba. Entonces
el joven tomó el mazo, partió el yunque de un solo
golpe, y amarró la barba del viejo con ella.
-"Ahora ya te tengo"-, dijo el
joven. -"Ahora eres tú quien tiene
que morir."-
Luego cogió una barra de hierro y
golpeó al anciano hasta que este quejándose
le suplicaba que se detuviera, y él le daría grandes
riquezas.
El joven paró de golpearlo y lo soltó. El viejo
lo condujo de nuevo al castillo, y en un sótano le
mostró tres cofres llenos de oro.
-"De ellos,"- dijo, -"uno es para
los pobres y otro para el rey, el tercero es tuyo."-
Mientras tanto, dieron las doce, y
desapareció el espíritu. El joven, se quedó en la oscuridad.
-"Todavía puedo encontrar la
salida"-, dijo, y con el tacto, encontró el camino a la
sala, y durmió allí junto a su fuego.
A la mañana siguiente el rey se acercó
y dijo:
-"Ahora tienes que haber aprendido lo
que es asustarse."-
-"No,"-
respondió, -"mi primo muerto estuvo aquí, y un hombre
de barba blanca se acercó y me mostró una gran cantidad de
dinero allá debajo, pero nadie me dijo lo que es asustarse."-
-"Entonces"-, dijo el Rey, -"tú
has librado al castillo, y te casarás con mi hija."-
-"Todo eso está
muy bien"-, dijo, -"pero todavía no sé lo
que es asustarme."-
Entonces el oro fue subido y se
celebró la boda, pero independientemente de cuánto fuera
lo mucho que el joven rey amara a su esposa, y siendo
tan feliz como lo era, todavía decía:
-"Si pudiera tener
miedo, si yo pudiera asustarme."-
Sin duda que la princesa estaba molesta por
ello. Su doncella entonces le dijo:
"Voy a encontrar una cura para él,
y pronto aprenderá lo que es asustarse."
Salió al riachuelo que fluía a través del
jardín, y trajo un cubo entero lleno de
gobios. Por la noche, cuando el joven rey estaba dormido, su
esposa fue a sacar la ropa de él y le vació
el cubo de agua fría conteniendo los gobios, de
modo que los peces pequeños saltaban sobre todo su
cuerpo. Una vez hecho esto, se despertó asustado y gritó:
-"¡Oh, oh! ¿Qué es lo que me está
asustando? ¿Qué es lo que me asusta, querida esposa?
¡Ah Sí!, por fin ya sé lo que es asustarse."-
Enseñanza:
Muchas veces cosas
simples o sencillas son más poderosas que las complejas.

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