110-El Campesino Hildebrand 
Había una vez un campesino llamado Hildebrand y su
esposa, quienes tenían una yegua muy hermosa que era muy apreciada por
Hildebrand, pero no por su esposa pues a menudo intentaba darle de coces cuando
ella se le acercaba. Sin embargo el médico del pueblo soñaba con llegar a
tener dicha yegua. Un día de tantos en que se encontraron en la calle, dijo el
médico a la esposa del campesino,
-"Mire mi querida vecina, he pensado en un modo
por el cual usted puede deshacerse de la yegua que tanto le molesta y yo de
llevármela. De paso haremos una celebración por tan especial evento."-
-"Le diré cómo hacer. El próximo miércoles
usted guarde cama y le dice a su marido que se siente muy enferma, y se queja, y
actúa correctamente como una enferma, y continúa así un par de días.
Entonces le dice a su marido que necesita que la vea el médico. El me llamará,
y cuando yo llegue les diré que para su cura él necesitará ir a la Colina de
Ckerli en Italia, y traer unas hojas de laurel especiales para el mal de
Kreuzer, y luego con ellas haremos el medicamento que la curará."-
-"Así
lo haré."- dijo la mujer puntualmente. Entonces
al llegar el miércoles, la esposa del campesino guardó cama y se lamentaba
según lo convenido, y su marido hizo todo lo que él sabía para poder
aliviarla, pero nada servía. Al pasar dos días así, dijo la mujer, -"Me
siento tan mal como que voy a morir pronto. Quizás el médico pueda
ayudarme."- Entonces el campesino corrió a llamar al
médico, quien después de algunas preguntas dijo al esposo, -"Esto
que ella tiene es el mal de Kreuzer, que para
curarlo se necesitan unas hojas de laurel que solamente se consiguen en la
Colina de Ckerli en Italia. Debe de ir allá a traerlas y con ellas haré el
medicamento necesario."-
Y el médico le dió un saquito para que allí trajera
dichas hojas. Nadie
estaba más feliz que el campesino Hildebrand, quien inmediatamente alistó sus
cosas para el viaje al día siguiente. Y
al otro día, apenas salió Hildebrand, llegó el
médico. Mientras
tanto veamos que sucedía con el campesino, que caminaba lo más rápido posible
para llegar a su destino. Él, en el camino se encontró con un comerciante muy
versado en asuntos de negocios, quien venía con su carreta y un gran canasto
del mercado donde había vendido todos sus huevos. -"¡Bendito
seas!, ¿por qué llevas tanto apuro en tu caminar?"- le dijo al campesino. -"¡Bendiciones
para tí también, mi amigo!"-, contestó el campesino, -"mi esposa está
enferma y el médico me recomendó que fuera a la Colina de Ckerli en Italia a
traer unas hojas de laurel que son especiales para el mal de Kreuzer, y me dio
un bolso para cargarlas y regresar con ellas. Por eso es mi apuro en llegar
allá."- -"Pero
escúchame hombre, eres bastante ingenuo para creer tal cosa. ¿No te das
cuenta de lo que eso significa? El médico quiere aprovecharse de tu ausencia
para obtener algo de tu propiedad, y se ha puesto de acuerdo con tu esposa para
lograrlo."-
 -"¡Oh
Dios!", dijo el campesino, "¿Y cómo sabré si eso es cierto?"- -"Ven"-,
dijo el comerciante, -"te diré que haremos. Métete dentro de la canasta
vacía de los huevos y te llevaré a tu casa, y ahí lo verás por ti
mismo."- Una vez acordado aquello, el
comerciante metió al campesino en la canasta y se dirigieron a la casa. Al
anochecer, cuando
llegaron a la casa, todo era fiesta allí. La mujer había cocinado carnes, había
hecho tortitas y tenía bandejas de frutas frescas. El médico había traído su
violín para amenizar. El comerciante tocó a la puerta y la mujer preguntó
quien era. -"Soy un comerciante, y no he
podido vender mis huevos en el mercado y quiero saber si me pueden dar posada
por esta noche, ya que tengo que llevarlos a casa de nuevo y son tan pesados que
no podría hacerlo pues ya oscureció."- -"Seguro
mi amigo", dijo la mujer, "has llegado en un momento muy inoportuno
para mí, pero ya que no puedes regresar, entra y toma asiento en el banco que está por la estufa."- Entonces
ella llevó al comerciante con la cesta que acarreaba junto a la estufa. Y la
mujer y el médico estaban tan alegres como nunca. Entonces el médico dijo, -"Oye
amiga, tú que cantas maravillosamente, canta algo."- -"Ah,"-
dijo la mujer, -"ya ahora no canto bien. En mis días jóvenes en efecto que
lo hacía muy bien, pero esos tiempos ya pasaron."-
-"No importa, ven, canta alguna pequeña
canción."-
Entonces la mujer empezó a improvisar,
-"Ahora he enviado a mi marido,
a la Colina de Ckerli en Italia."-
A lo que el médico replicó,
-"Y espero que tarde más de un año,
y no le pediría el saquito de laurel
y no volverá a ver a su yegüita."-
Entonces el comerciante que estaba al fondo comenzó a
cantar, (pero antes les recordaré que el campesino se llamaba Hildebrand),
-"¿Qué estás haciendo, mi querido Hildebrand,
allí en el banco tan cerca de la estufa?"-
Y el campesino cantó dentro de la canasta,
-"De ahora en adelante odiaré toda canción,
y en este cesto no me quedaré más."-
Y salió de la canasta, y con una golpiza sacó al
médico de la casa.
¿Y que pasó después? Que algún vecino te lo cuente.
Enseñanza:
En toda asociación o
amistad, nunca debe de usarse la traición.
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