086-Amigos Sabios 
Un día un campesino tomó su buen palo de avellana de la esquina y dijo a su esposa,
-"Trina, voy a ir al campo, y no volveré durante tres días. Si durante
ese tiempo el comprador de ganado viene a querer comprar nuestras tres vacas, puedes cerrar un acuerdo inmediatamente, pero
siempre que puedas conseguir doscientos pesos por ellas y nada menos,
¿comprendiste?"-
-"Por el amor de Dios, vete en paz,"- contestó la mujer,
-"yo lo manejaré."-
-"¡Seguro!,"- dijo el hombre. "Una vez
te caíste de cabeza cuando eras una pequeña niña, y eso aún te afecta; pero
déjame decirte, si haces algo tonto,
tendré que reprenderte muy seriamente, y no podrás comprar aquello que tanto
deseas."-
Y habiendo dicho eso, el hombre continuó su camino.
A la mañana siguiente el comprador de ganado vino, y la mujer no tenía ninguna necesidad de decirle muchas palabras.
Una vez que había visto a las vacas y había oído el precio, dijo,
-"Estoy de acuerdo en darle eso, francamente hablando,
ellas lo valen. Me llevaré a las bestias conmigo inmediatamente."-
Él desató las amarras para sacarlas fuera del establo, pero
cuando iba por la puerta, la mujer lo agarró por la manga y le dijo,
-"Usted debe darme doscientos pesos ahora, o no puedo dejarlo
llevarse a las vacas."-
-"Cierto"- contestó el hombre, -"pero he olvidado
traer mi cinturón de dinero. Sin embargo, no tenga ningún temor, usted tendrá la seguridad
de mi pago. Tomaré sólo dos vacas conmigo y dejaré una, y así usted tendrá una
buena garantía."-
La mujer creyó en la fuerza de ese trato, y dejó al hombre marcharse con las vacas,
y
pensó,
-"¡Qué contento se pondrá Hans cuando vea lo hábilmente
que lo he manejado!"-
El campesino regresó a casa al tercer día como lo había dicho, e inmediatamente
preguntó si las vacas fueron vendidas. -"Sí, en efecto, querido Hans,"- contestó la mujer,
-"y por los doscientos pesos como me dijo. Ellas apenas valdrán eso, pero el hombre las tomó sin hacer
ninguna objeción."-
-"¿Y dónde está el dinero?"- preguntó el campesino.
-"Ah, aún no tengo el dinero,"- contestó la mujer; -"resulta
que él olvidó su cinturón de dinero, pero lo traerá pronto, y dejó una
buena garantía"-
-"¿Qué tipo de garantía?"- preguntó el hombre.
-"Dejé aquí una de las tres vacas, que él no podrá
llevarse hasta que haya pagado las otras dos. Y fui muy hábil, ya que he dejado
la más pequeña, que es la que come menos."-
El hombre se enfureció y se levantó amenazante
recordándole cobrarle su ingenuidad. Pero de repente se calmó y dijo,
-"Eres la gansa más ingenua que alguna vez anidó en
esta tierra de Dios, y me apena por ti. Pero bien, saldré a la carretera y esperaré durante tres días a ver si encuentro
a alguna persona que sea todavía más estúpida que tú. Si tengo éxito en ello,
quedarás impune, pero si no la encuentro, recibirás tu recompensa bien merecida sin
ningún descuento."-
Él entonces salió a las gran carretera, se sentó en una piedra, y esperó
a ver que pasaría. De pronto vio un carro con una campesina venir hacia él, y
la mujer estaba de pie,
erguida, en medio del carro, en vez de sentarse en el bulto de paja que estaba al lado de ella, o
de andar cerca de los bueyes conduciéndolos. El hombre pensó,
-"Es seguramente una de esa clase que ando buscando,"-
y saltó y corrió de acá para allá delante del carro como
quién no sabe qué hacer.
-"¿Qué quiere usted, mi amigo?"- le preguntó la mujer;
-"no le conozco, ¿de dónde viene usted?"-
-"Me he caído del cielo,"- contestó el hombre, -"y no
sé cómo regresar otra vez, ¿podría usted hacerme subir?"-
-"No,"- dijo la mujer, -"no sé el camino, pero si usted viene del cielo
podría decirme seguramente cómo está mi marido, que ha estado allí estos tres
últimos años. Usted debe haberlo visto."
-"Ah, sí, lo he visto, pero no todos los hombres pueden
estar muy bien. Él guarda
ovejas, y las ovejas le dan mucho que hacer. Ellas se dirigen a las montañas y pierden su camino en el páramo, y él tiene que
perseguirlas y traerlas juntas otra vez. Su ropa está toda despedazada también, y
se le caerá pronto
de su cuerpo. No hay ningún sastre allí, ya que San Pedro no deja entrar a ninguno de ellos,
como usted sabe por la historia."-
-"¿Quién lo hubiera pensado?"- gritó la mujer, -"le digo
que traeré su abrigo que usaba los domingos y que todavía cuelga en casa en el armario,
así él puede llevarlo puesto y presentarse respetable. ¿Sería usted tan amable
de llevárselo?"-
-"Eso no estará muy bien,"- contestó el campesino;
-"a la gente no le permiten entrar ropa al Cielo, se la quitan a uno en la puerta."-
-"Entonces escúcheme usted,"- dijo la mujer, -"vendí mi trigo fino ayer y conseguí
un buen pago de dinero por él, así que se lo enviaré. Si usted esconde el monedero en su bolsillo, nadie sabrá
lo que usted lleva."-

-"Si usted no puede manejarlo de ninguna otra forma,"- dijo el campesino,
-"le haré el favor."-
-"Sólo quédese ahí donde está ahora,"- dijo ella,
-"e iré a casa y traeré el monedero, y pronto estaré de vuelta de nuevo. No me siento en el bulto de paja,
sino que me levanto en el carro, porque
así se hace más liviano para el ganado."-
Ella dirigió sus bueyes hacia su casa, y el campesino
pensó,
-"Esa mujer tiene un talento perfecto para la locura,
y si ella realmente trae el dinero, mi esposa puede pensarse afortunada, ya que
entonces no recibirá ningún castigo."-
No pasó mucho tiempo cuando ella vino con gran prisa con el dinero, y de sus propias manos
se lo puso en su bolsillo. Antes de marcharse, ella le agradeció otra vez mil veces
por su cortesía.
Cuando la mujer del carro llegó a su casa otra vez, encontró
a su hijo que había regresado del trabajo del campo. Ella le contó de las cosas imprevistas
que le habían acontecido, y luego añadió,
-"Estoy realmente encantada en haber encontrado una oportunidad de enviar algo a mi
pobre marido. ¿Quién hubiera imaginado alguna vez que él podría sufrir a falta de algo en el cielo?"-
El hijo quedó lleno de asombro.
-"Madre"-, dijo él, -"no es todos los días que un hombre viene del Cielo de esta
manera. Saldré inmediatamente, y veré si
todavía lo puedo encontrar; él debe decirme cómo es allá arriba, y cómo se
trabaja allá."-
Él ensilló el caballo y galopó a toda la velocidad. Y encontró
al campesino sentado bajo un sauce, quien iba ya a contar el dinero que tenía en el monedero.
-"¿Ha visto usted al hombre que se ha caído del Cielo?"- le gritó
el joven.
-"Sí, claro"-, contestó el campesino, -"él ha tomado
su camino de regreso, y ha subido por aquella colina, por donde me dijo que regresaría más
rápido; pero usted todavía podría alcanzarlo, si puede correr velozmente en su
caballo."-
-"¡Ay!," dijo el joven, "he estado haciendo
trabajo duro todo el día, y el venir aquí me ha desgastado completamente; usted
que conoce al hombre, ¿sería tan amable de tomar mi caballo, e ir a alcanzarlo
y persuadirlo de venir aquí?"-
-"¡Ahá!"- pensó el campesino, -"¡aquí está
otro que no tiene ninguna mecha en su lámpara!"-
-"¿Y por qué no debería yo hacerle este favor?"- dijo él, y montó
en el caballo y
se fue lejos en un rápido trotar.
El joven permaneció sentado allí hasta antes de que la noche cayera, pero el campesino nunca volvió.
-"El hombre del Cielo debe haber estado seguramente con gran prisa, y no se
devolvería para acá,"- pensó él,
-"y el campesino sin duda le ha dado el caballo para que más facilmente llegue
a donde está mi padre."-
Él se fue a casa y le dijo a su madre lo que había pasado, y que
le había enviado a su padre el caballo de modo que pudiera cuidar más
comodamente de las ovejas.
-"Has hecho muy bien,"- contestó ella, -"las piernas
tuyas son más jóvenes que las de él, y tú bien puedes viajar a pie."-
Cuando el campesino llegó a su casa, puso al caballo en el
establo al lado de la vaca que quedó como garantía, y luego fue donde su esposa y
le dijo,
-"Trina, has tenido muy buena suerte, he encontrado a dos
gentes quiénes son todavía
más ingenuos que tú; te salvaste de la reprimenda, cuida de no tropezarte en otra ocasión."-
Entonces él encendió el hogar, y sentado en la silla de su abuelo,
dijo,
-"Fue un excelente negocio conseguir un caballo fino y
además un gran monedero lleno de dinero a cambio de dos vacas flacas. Si la estupidez siempre hiciera
generar tanto como ahora, yo la mantendría en un sitio de honor."-
Así pensó el campesino, pero usted sin duda preferirá a
la gente sencilla.
Enseñanza:
Nunca debe de creerse todo
lo que un desconocido cuente, pues puede caerse de ingenuo y hasta perder muchas
pertenencias.

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