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085-El Joven Gigante
Hace mucho tiempo sucedió que un campesino tenía a un hijo que era tan grande como una
mano, y
no llegaba a crecer nada más, y durante varios años no creció ni el grueso
de un pelo. Una vez cuando el padre salía para arar, el pequeño dijo,
-"Padre, iré con usted."-
"¿Dices que vendrás conmigo?"- dijo el padre.
-"Quédate aquí, pues no serías de ninguna utilidad allá, además de que
podrías perderte"-
Entonces el pequeñito comenzó a llorar, y por quedar
en paz, su padre lo puso en su bolsillo, y lo llevó con él. Cuando llegaron al campo,
el padre lo sacó del bolso, y lo puso en un surco recientemente hecho.
Mientras él estaba allí, un gran gigante se vio venir sobre la colina.
-"¿Ves ese gran espectro?"- dijo el padre, ya que quiso asustar al pequeño compañero para
que se portara bien; -"él viene para llevarte."-
El gigante, apenas había recorrido dos pasos con sus piernas largas
y ya estuvo en el surco. Él tomó al pequeñito con cuidado con dos dedos, lo examinó, y sin decir
una palabra se marchó con él. Su padre se quedó paralizado, y no podía pronunciar un
solo sonido por el terror, y no pensó en nada más que había perdido a su niño, y que mientras él
viviera nunca más lo volvería a ver.
El gigante, sin embargo, lo llevó a su casa, lo alimentó adecuadamente, y el
pequeñito creció y se hizo alto y fuerte bajo el cuido de los gigantes. Cuando habían
pasado dos años, el gigante lo llevó al bosque, para probarlo, y dijo,
-"Tira un palo para ti."-
Para entonces el muchacho era tan fuerte que extrajo un árbol joven de la tierra
desde las raíces. Pero el gigante pensó,
-"Debemos mejorar esto,"-
Y regresaron a casa, y lo cuidó y preparó por dos años más. Cuando
lo probó de nuevo, su fuerza había aumentado tanto que ya podía extraer un viejo árbol de la tierra.
Pero aún no era suficiente para el gigante; y otra vez lo cuidó durante dos
años más, y de nuevo fue con él al bosque y dijo,
-"Ahora sólo saca un palo apropiado para mí,"-
y el muchacho sacó de la tierra el roble más fuerte que
había, y dividirlo en dos fue una mera bagatela para él.
-"Ahora sí funciona,"- dijo el gigante,- "estás
perfecto,"- y partieron hacia el campo de donde él lo había traído.
Su padre estaba ahí arando. El joven gigante se acercó a él, y dijo,
-"¡Mira padre en qué magnífico hombre tu hijo se ha
convertido!"-
El agricultor se alarmó, y dijo,
-"No, no eres mi hijo; ¡Vete por favor!"-
-"Realmente soy tu hijo; permíteme que yo haga el trabajo, puedo arar así como
lo haces, no mejor."-
"No, no, no eres mi hijo; ¡y no puedes arar,
márchate!"-
Sin embargo, como él tuvo miedo de este gran hombre,
soltó el arado, retrocedió y se mantuvo a un lado de las tierras. Entonces el
joven tomó el arado, y sólo lo presionó con una mano, pero su presión era tan fuerte que el arado
entró profundamente en la tierra. El agricultor no soportó ver aquello, y lo llamó,
-"Si vas a arar, no debes apretar tan fuerte, porque queda
mal el trabajo."-
El joven, sin embargo, no enjaezó a los caballos, y jaló
el arado él mismo, diciendo,
-"Ve a casa, padre, y pide a mi madre que prepare un
plato grande de alimento, y mientras tanto yo trabajaré el campo."
Entonces el agricultor se fue a casa, y pidió a su esposa que preparara el alimento; mientras tanto el joven aró el campo que era dos acres de grande, completamente solo, y luego él se enjaezó a la rastra, y escarificó
toda la tierra, usando dos rastras a la vez. Cuando terminó, entró en el bosque, y
tiró dos robles, los puso sobre sus hombros, y colgó en ellos una rastra detrás y una
adelante, y también un caballo detrás y uno adelante, y llevó a todos, como si
hubiera sido un bulto de paja, a la casa de sus padres. Cuándo él entró en el
jardín, su madre no lo reconoció, y preguntó,
-"¿Quién es ese horrible hombre alto?"-
El agricultor dijo,
-"Es nuestro hijo."-
Ella dijo,
-"No, no puede ser nuestro hijo, nunca tuvimos uno tan alto, el nuestro era una
cosa pequeñita."- Ella lo llamó diciendo,
-"Márchese, no lo queremos aquí"-
El joven se mantuvo en silencio, y condujo a los caballos al
establo, les dio alguna avena y heno, y todo lo que ellos quisieron.
Cuándo terminó, entró al comedor, se sentó en el banco y dijo,
-"Madre, ahora me gustaría comer algo, ¿estará listo pronto?"-
Entonces ella dijo,
-"Sí"-,
y le sirvió dos platos inmensos llenos de alimento, que habría sido bastante para satisfacer
a ella y su marido durante toda una semana. El joven, sin embargo, lo comió
todo él solo, y preguntó si no tenía nada más de comida.
-"No"-,contestó ella , -"es todo que tenemos."-
-"Pero eso sólo fue un bocadillo, necesito más."-
Ella no se atrevió a oponérsele, y fue y puso un caldero enorme lleno
de alimento en el fuego, y cuando estuvo listo, se lo llevó.
-"Al fin llegaron unas migas,"- dijo él, y comió
todo lo que había, pero no era todavía suficiente para apaciguar su hambre. Entonces
dijo,
-"Padre, veo bien que con ustedes nunca tendré suficiente
alimento; si tú me consigues una vara de hierro bien fuerte, y que yo no
pueda romper contra mis rodillas, saldré a recorrer el mundo."-
El agricultor se alegró, puso a sus dos caballos en su carro, y trajo del herrero
una vara tan grande y gruesa, que los dos caballos apenas podían traerla.
El joven la puso a través de sus rodillas, y ¡clik! la rompió en dos al medio como una judía, y
la tiró. El padre entonces enjaezó a cuatro caballos, y trajo una barra que era tan larga y gruesa, que los cuatro caballos
la arrastraban con pesadez. El hijo la rompió también en dos partes contra sus rodillas,
la tiró, y dijo,
-"Padre, esto no me servirá, debes enjaezar a más caballos, y traer
una vara aún más fuerte."-
Entonces el padre enjaezó a ocho caballos, y trajo una
vara que era tan larga y gruesa, que los ocho caballos tenían que llevarla poco
a poco. Cuando el hijo la tomó en sus manos, quebró un pedazo cerca de la punta,
y dijo,
-"Padre, veo que no serás capaz de conseguirme una barra
como yo quiero, así que ya no permaneceré más con ustedes."
Entonces él se marchó, y se presentaría como aprendiz de
herrero. Llegó a un pueblo, en donde vivía un herrero que era un hombre avaro, que nunca hizo una bondad a
nadie, sino que todo lo quería para él. El joven entró en la herrería y preguntó si él
necesitaría un ayudante.
-"Sí"-, dijo el herrero, y lo miró, y pensó,
-"es un tipo fuerte que golpearía bien el mazo, y ganaría su pan."-
Entonces le preguntó,
-"¿Cuánto pide de salario?"-
-"No quiero ninguno en absoluto,"- contestó él, -"sólo cada quincena, cuando pagan a los otros
ayudantes, le daré a usted dos golpes, y usted debe aguantarlos."-
El avaro estuvo realmente satisfecho, y pensó que así ahorraría así mucho dinero.
A la mañana siguiente, el nuevo ayudante debía comenzar a trabajar, pero cuando el maestro trajo la barra encendida, y
el joven dio su primer golpe, el hierro voló a trozos, y el yunque se hundió tan profundamente en la tierra, que no había
forma de sacarlo de nuevo. Entonces el avaro se puso enojado, y dijo,
-"Ah, pero así no puedo hacer ningún uso de usted, usted golpea
demasiado poderosamente; ¿cuánto será por ese golpe?"-
Entonces dijo él,
-"Sólo le daré a usted un pequeño golpe, esto es todo."-
Y él levantó su pie, y le dio tal patada que el avaro se fue volando más de cuatro cargas del heno. Entonces él buscó la barra de hierro más gruesa en la herrería para él,
la tomó como un palo en su mano y salió.
Cuando él había andado durante algún tiempo, llegó a una pequeña granja, y preguntó al administrador si él no
requiriría a un criado principal.
-"Sí"-, dijo el administrador, -"puedo
necesitar uno; usted parece un tipo fuerte que puede hacer mucho, ¿cuánto quiere
como salario por un año?"-
Él otra vez contestó que no quería ningún salario en absoluto, pero que cada año él le daría tres golpes, que él debería aguantar.
El administrador estuvo satisfecho, ya que él, también, era un hombre codicioso.

A la siguiente mañana todos los criados debían entrar al bosque, y cuando
todos estaban listos, el criado principal estaba todavía en la cama. Entonces uno de ellos
lo llamaba diciendo,
-"Despierte, es la hora; vamos al bosque, y usted debe ir con nosotros."-
-"Ah,"- dijo él completamente aperezado y somnoliento, -"entonces
ustedes pueden ir sólos; yo estaré de vuelta antes que cualquiera de ustedes."
Entonces los demás fueron donde el administrador, y le dijeron que el jefe todavía
yacía en la cama, y no entraría al bosque con ellos. El administrador les dijo que
debían despertarlo otra vez, y decirle que fuera a enjaezar a los caballos. El jefe, sin embargo, dijo como antes,
-"Ustedes pueden ir sólos; yo estaré de vuelta antes
que cualquiera de ustedes."-
Y luego él se quedó en la cama por dos horas más. Por
fin se levantó de la cama, pero primero consiguió dos búshels de guisantes del desván, se hizo
un caldo con ellos, lo comió a su paciencia, y cuando terminó, fue y enjaezó a los caballos, y
se dirigió al bosque. No lejos del bosque había un barranco por el cual él tuvo que pasar, entonces
primero condujo a los caballos, y luego los paró, y fue detrás del carro, tomó árboles y broza, e hizo una gran barricada, de modo que
en adelante ningún caballo pudiera pasar.
Cuando él entraba en el bosque, los demás ya regresaban con sus carros cargados para irse a casa; entonces
dijo a ellos,
-"Sigan, todavía llegaré a casa antes que ustedes."-
Él apenas entró a la orilla del bosque, e inmediatamente
arrancó de la tierra dos de los árboles más grandes, los lanzó en su carro, y dio
vuelta. Cuando llegó a la barricada, los demás todavía estaban de pie allí,
incapaces de pasar.
-"¿Lo ven?,"- dijo él, -"si ustedes se hubieran quedado conmigo,
regresarían a casa rápidamente, y habrían tenido otra hora más de sueño"-
Él ahora trató de conducir, pero sus caballos no
pudieron seguir por el camino, entonces él los desenjaezó, los puso arriba del carro, tomó los ejes en sus propias manos, y
jaló todo, y él hizo todo esto tan fácilmente como si hubiera cargado plumas.
Cuando ya había pasado, dijo a los demás, -"Allí, ustedes ven, he sido más rápido que
ustedes"-
y siguió adelante, mientras que los demás tuvieron que quedarse donde
estaban. Al llegar a la casa, él tomó uno de los árboles en su mano, lo mostró al administrador, y dijo,
-"¿No es esto un bulto fino de la madera?"-
Entonces dijo el administrador a su esposa,
-"El criado es muy bueno, aunque él duerme realmente mucho tiempo,
regresa a casa antes que los demás."- Entonces el joven sirvió al administrador durante un año, y cuando
estuvo concluído, y los otros criados recibían sus salarios, él dijo que
ahora era el momento para tomar su parte también. El administrador, sin embargo, tuvo miedo de los golpes que él debía recibir, y seriamente
le suplicó para perdonarlo de tenerlos;
y más bien que él mismo sería el criado principal, y el joven debería ser el administrador.
-"No"-, dijo el joven, -"no seré administrador, soy el criado principal, y permaneceré así, pero
tomaré mi paga tal como convinimos."
El administrador estaba anuente a darle todo lo que le exigiera, pero era inútil, el criado principal dijo no a todo. Entonces el administrador no sabía que hacer, y pidió
posponerlo una quincena, ya que quería encontrar algún camino para
evitarlo. El criado principal consintió en esta solicitud. El administrador convocó a todos sus
ayudantes para que meditaran sobre el asunto, y le dieran su consejo. Los
ayudantes reflexionaron durante mucho tiempo, pero por fin ellos dijeron que nadie estaba seguro de su vida con el criado principal, ya que él podría matar a un hombre tan fácilmente como un mosquito, y que
lo que el administrador debería hacer era enviarlo a entrar
al pozo y limpiarlo, y cuando él estuviera abajo, ellos rodarían una de las piedras de molino que estaban allí, y
la dejarían caer sobre su cabeza; y así nunca volvería a ver la luz del día. El consejo
sugerido complació al administrador, y el criado principal
aceptó bajar al pozo.
Cuando él ya estaba abajo en el fondo, ellos hicieron rodar
la piedra de molino más grande y pensaron que le habían roto su cráneo, pero él gritó,
-"Ahuyenten las gallinas del pozo, ya que rasguñan en la arena allá arriba, y lanzan los granos en mis ojos, de modo que yo no
puedo ver."-
Entonces el administrador gritó,
-"Sh-sh"-, imitando el espantar a las gallinas.
Cuando el criado principal había terminado su trabajo, subió y dijo,
-"Sólo miren qué hermosa corbata tengo,"-
y lo que contemplaban era la piedra de molino que él llevaba
puesta alrededor de su cuello. El criado principal ahora quiso tomar su paga, pero el administrador
de nuevo pidió un retrazo de otra quincena. Los ayudantes se reunieron y aconsejaron
al administrador que enviara al criado principal al molino encantado para moler el maíz antes de la noche, ya que de allí aún ningún hombre había vuelto alguna vez por la mañana vivo.
La propuesta complació al administrador, y llamó al criado principal esa misma tarde, y
le ordenó que llevara ocho búshels de maíz al molino, y lo moliera esa noche, ya que
así había sido solicitado. Entonces el criado principal fue al desván, y puso dos búshels en su bolsillo derecho, y dos en su izquierdo, y tomó cuatro en una cartera, mitad en su espalda, y la mitad en su pecho, y así cargado fue al molino
encantado. El molinero le dijo que él podría moler allí muy bien durante el día, pero no antes de la noche, ya que el molino
estaba encantado, y que hasta ahora, quienquiera había entrado en él por la noche había sido encontrado muerto por la mañana. El
criado principal dijo, -"Yo lo manejaré, usted ya puede retirarse a descansar."-
Entonces él entró en el molino, y vació el maíz. A las once
de la noche entró en el cuarto del molinero, y se sentó en el banco. Cuando
ya se había sentado allí por un rato, de repente una puerta se abrió y una mesa grande entró, y en la mesa,
se colocaron vino y carnes asadas, y además muchos alimentos buenos, pero todo
aparecía solo, ya que no había nadie llevándolo. Después de esto las sillas se
acomodaron, pero no se vio venir a nadie, hasta que de repente él contempló
dedos que manejaban cuchillos y tenedores, y ponían el alimento en los platos, pero
fue lo único que consiguió ver. Cuando él tuvo hambre, y vio el alimento,
también tomó un lugar en la mesa, comió con aquellos invisibles que comían y
lo disfrutó todo muy bien.
Cuando él ya había comido bastante, y los demás también habían vaciado completamente sus platos, él claramente oyó
y vió que todas las velas fueron de repente apagadas, y como ahora todo estaba oscuro, él sintió algo como
un golpe de puño en el oído. Entonces él dijo,
"Si algo similar viene otra vez, le daré su buen golpe
de regreso."-
Y cuando recibió un segundo golpe en el oído, él
reaccionó como lo ofreció. Y así siguió todo esto la noche entera. Él no
aceptó nada sin devolverle el golpe, y reembolsó todo con intereses, y
su actuación no fue en vano. Al amanecer, sin embargo, todo cesó. Cuando el molinero
se levantó, quiso mirar qué sucedió, y se preguntó si aquel estaría todavía vivo. Entonces
el joven dijo,
-"Me he hartado, he recibido algunos golpes en las
orejas, pero he dado muchos más a cambio."-
El molinero se alegró, y dijo que el molino fue liberado ahora del
encantamiento, y quiso darle mucho dinero como recompensa. Pero él dijo,
-"Dinero no, tengo bastante."-
Entonces él echó la masa en su espalda, se fue a casa, y dijo al administrador que
ya había hecho lo que él le había pedido hacer, y que ahora tomaría su
paga. Cuando el administrador oyó aquello, quedó seriamente alarmado y completamente fuera de sí;
caminaba para atrás y adelante en el cuarto, y gotas de transpiración se
acumularon sobre su frente. Entonces abrió la ventana para tomar algún aire fresco, pero antes de que él
se diera cuenta, el criado principal le había dado tal patada que voló por la ventana en el aire, y
fue tan lejos y alto que nadie lo volvió a ver otra vez.
Entonces dijo el criado principal a la esposa del administrador,
-"Si él no vuelve, usted debe tomar el otro golpe."-
Ella gritó,
-"¡No, no, no puedo aguantarlo!,"- y abrió la otra ventana, porque gotas de transpiración
también corrían sobre su frente. Entonces él le dio tal patada que ella también, se fue
volando, y como ella era más liviana llegó mucho más alto que su marido. Su marido
al verla pasar gritó,
-"¡Acércate a mí!"-
pero ella contestó,
-"¡Ven tú a mí, yo no puedo ir a ti!"-
Y ellos se cernieron allí en el aire, y no podían
acercarse el uno al otro. Y si ellos todavía se ciernen en el aire o no, no lo sé, pero el gigante joven tomó su barra de hierro, y continuó su camino.
Enseñanza:
Al hacer un contrato de
trabajo, debe de valorarse y meditarse bien sobre las condiciones de la labor y
del pago por dicha labor antes de aceptar las condiciones, para no lamentarse
cuando ya es demasiado tarde. Esto tanto para quien da el trabajo como para quien lo recibe.

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