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084-La Hilandera Perezosa
En un cierto pueblo una vez vivían un hombre y su esposa, y la esposa era tan ociosa que ella nunca trabajaría en nada;
y cuando su esposo le traía algo para hilar, ella casi nunca lo hacía, y si
lograba hilar algo, nunca lo enbobinaba, y todo permanecía enredado en un montón.
Si el hombre la reprendía, ella estaba siempre lista con su lengua, y decía,
-"Bien, ¿pero cómo puedo embobinar, si no tengo ningún carrete?
Entra en el bosque y con madera hazme uno."-
-"Si eso es así,"- dijo el hombre, -"entonces
iré al bosque, y conseguiré un poco de madera para hacer carretes."-
Entonces la mujer estaba temerosa de que él obtuviera la madera
e hiciera un carrete, y ella tendría que embobinar, y luego volver a comenzar a
hilar de nuevo.
Ella meditó por un rato, y luego una idea afortunada
se le ocurrió: en secreto siguió al hombre en el bosque, y cuando él ya había subido
a un árbol para elegir y cortar la madera, ella se arrastró en la espesura abajo donde él no podía verla, y gritó,
-"Quien corta la madera para carretes morirá,
Y quien embobina, fallecerá. "-
El hombre escuchó, posó su hacha durante un momento, y comenzó a considerar lo que esto podría significar.
-"Ajá"-, dijo él por fin, -"lo que pudo haber
sucedido; mis oídos deben haber estado zumbando, no me alarmaré para nada."-
Entonces él otra vez agarró el hacha, y comenzó a talar; luego otra vez
oyó un grito de abajo:
-"Quien corta la madera para carretes morirá,
Y quien embobina, fallecerá. "-
Él paró, y se sintió con miedo y alarmado, y reflexionó sobre la circunstancia. Pero cuando habían
pasado unos momentos, él tomó valor otra vez, y por tercera vez estiró su mano
hacia el hacha, y comenzó a cortar. Pero alguien gritó una tercera vez, y dijo en voz alta,
-"Quien corta la madera para carretes morirá,
Y quien embobina, fallecerá. "-

Eso fue bastante, y todo interés se había marchado de él, entonces
de prisa bajó del árbol, y se puso en camino a su casa. La mujer corrió tan rápido como
pudo por desvíos para llegar a casa primero. Así, cuándo él entró a la casa, ella puso una mirada inocente como si nada
hubiera pasado, y dijo,
-"Bien, ¿has traído un pedazo conveniente de madera para
los carretes?"-
-"No,"- dijo él, -"veo muy bien que entonces no habrá
embobinado,"-
y le dijo lo que le había pasado en el bosque, y a partir de aquel
momento en adelante la dejó en paz sobre el asunto. Sin embargo, después de algún tiempo, el hombre otra vez comenzó a quejarse del desorden en la casa.
-"¡Esposa,"- dijo él, -"esto es realmente una vergüenza, que el hilo hecho
tenga que estar ahí tirado en el suelo!"-
-"Te diré algo,"- dijo ella, -"como todavía no
tenemos ningún carrete, ve tú al desván, y yo me retiraré abajo, y te lanzaré el hilo, y
luego me lo lanzas hacia abajo, y así entonces conseguiremos una madeja después de todo."-
-"Sí, eso funcionará,"- dijo el hombre.
Entonces lo hicieron así, y cuando todo estuvo concluído, él dijo,
-"El hilo está en madejas, ahora debe ser hervido."-
La mujer otra vez se sintió comprometida y dijo,
-"Sí claro, lo herviremos mañana temprano."-
Pero ella concebía en secreto otra maniobra.
De madrugada ella despertó, encendió el fuego y puso la caldera, sólo que en vez del hilo, ella puso
unas estopas, y las dejó hervirse. Después de hacer eso fue donde el hombre,
quien aún yacía en la cama, y le dijo,
-"Yo tengo que salir, tú debes despertar y cuidar del hilo que está en la caldera
en el fuego, pero debes estar atento inmediatamente; porque si oyes cantar al
gallo, y no cuidas de la madeja, simplemente ella quedará en estopa."
El hombre tomó voluntad e hizo lo posible para no holgazanear. Despertó tan rápidamente como
pudo, y entró en la cocina. Pero cuando él llegó a la caldera y miró a hurtadillas,
vio, a su horror, solamente un puño de estopas. Entonces el pobre hombre se
sintió como un ratón, pensando que él lo había descuidado, por lo que
era culpable, y en el futuro no dijo más sobre hilos y bobinados. ¡Pero usted
deducirá que ésta no era una mujer agradable!
Enseñanza:
Quien es perezoso de
convicción, lo que mejor sabe hacer es no hacer nada.
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