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072-El par de pilluelos
 
Dijo una vez un gallo a una gallina,
-"Esta es la época en que nuestras nueces están maduras, vamos a la
colina juntos y nos hartamos antes de que la ardilla se las lleve todas."-
-"Sí,"- contestó la gallina, -"vamos y tendremos un poco de placer juntos."-
Entonces se marcharon a la colina, y fue un día tan brillante que ellos se quedaron hasta la tarde. Ahora no sé si era que ellos habían comido
tanto que se engordaron, o si por causa de las nueces se habían hecho orgullosos, pero
el caso es que no querían irse a casa a pie, y el gallo tuvo que construir un pequeño carro de cáscaras de nuez. Cuando
estuvo listo, la pequeña gallina se sentó en él y le dijo al gallo,
-"Ahora sólo ponte las amarras"-
-"¡Me gusta como estoy ahora!"- dijo el gallo, "prefiero irme a casa a pie a dejarme
ser enjaezado; no, así no es nuestro trato. No me opongo a ser el cochero y sentarme en la
caja de mando, pero arrastrarlo yo mismo, eso no."
Mientras discutían así, una pata llegó a ellos diciendo, -"Ustedes ladrones,
¿quién les dijo que vinieran a mi colina de nueces? ¡Pues van a sufrir por ello!"-,
y con el pico abierto corrió hacia el gallo. Pero el gallo no estaba
descuidado, y como buen luchador cayó vigorosamente sobre la pata, y
golpeándola con sus espuelas hizo que tuviera que pedirle piedad y que aceptara
con mucho gusto dejarse ser enjaezada al carro como reprimenda. El gallo
entonces se sentó en la caja de mando y fue el cochero, y así se marcharon
al galope, diciéndole a la pata:
-"¡Corre tan rápido como puedas!"-
Cuando habían conducido una parte del camino, encontraron a dos pasajeros de
un solo pie: un alfiler y una aguja. Ellos gritaron,
-"¡Paren, por favor! ¡paren!"-
y les dijeron que pronto estaría tan oscuro que no podrían dar un paso adelante, y que
el camino estaba muy polvoriento, y preguntaron si no podrían viajar en el carro
por un rato.
 
Ellos habían estado en la puerta del taller del sastre, y se habían quedado demasiado
tiempo junto a la cerveza. Como ellos eran gente delgada, que no necesitaban mucho
espacio, el gallo los dejó entrar, pero tuvieron que prometerle a él y a la gallina
que no se posaran en sus pies. Ya al atardecer llegaron a una posada, y como no les
gustaba seguir adelante de noche, y además que la pata tenía ya cansados sus
pies, se bajaron del carro y entraron. El anfitrión al principio hizo muchas objeciones, su casa
ya estaba llena, además él pensó que podrían no ser muy distinguidas personas; pero por fin,
como ellos se presentaron en forma muy agradable, y le dijeron que él
podría dejarse el huevo que la gallina había puesto por el camino, y que
también podría quedarse igualmente con la pata, que pone un huevo cada día, él
por fin dijo que podrían permanecer durante la noche.
Y ahora ellos se sentían muy bien, y se habían banqueteado y alegrado. De madrugada, cuando el día
rompía, y todos dormían, el gallo despertó a la gallina, trajo el huevo, lo picoteó
y lo abrió, y lo comieron juntos, y ellos lanzaron la cáscara en el hogar. Entonces
fueron donde la aguja que estaba todavía dormida, la tomaron por la cabeza y la
pegaron en el cojín de la silla del propietario, y pusieron al alfiler en su toalla, y
por último, sin más preámbulos, se fueron volando sobre el brezal. La
pata, que gustaba dormir al aire libre y se había quedado en el jardín, los oyó
marcharse, se puso contenta y caminando encontró un arroyo, en el que nadó, ya
que era un modo mucho más rápido de viajar que ser enjaezada a un carro.
El anfitrión no salió de la cama sino hasta dos horas después de todo aquello; él se lavó y quiso secarse, entonces el alfiler
rasgó su cara e hizo una raya roja a lo largo de un oído al otro. Luego él entró en la cocina y quiso encender un
leño, pero cuando llegó al hogar la cáscara de huevo saltó como una flecha
hacia sus ojos.
-"Esta mañana todo ataca a mi cabeza,"- dijo él,
y furiosamente se sentó en la silla de su abuelo, pero rápidamente brincó otra vez y gritó,
-"El Infortunio soy yo,"- pues la aguja lo había pinchado todavía peor que el alfiler, y no en la cabeza. Ahora él
estaba totalmente enojado, y sospechó de los invitados que habían
llegado tarde la noche anterior, pero cuando fue a buscarlos, ya no
estaban. Entonces él hizo un voto de no aceptar a más pilluelos en su casa, ya que ellos consumen mucho,
no pagan, y gastan bromas pesadas como su forma de agradecer.
Enseñanza:
A la hora de hacer un
negocio, es mejor garantizarse la paga antes de realizarlo.

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