037-El Enigma 
Hubo una vez un hijo de un
rico comerciante que estaba poseído por un fuerte deseo de viajar por el mundo,
y decidió hacerlo haciéndose acompañar solamente por un fiel sirviente. Un día
llegó a un gran bosque, y al final de la tarde no había encontrado aún un
refugio, y no sabía donde pasar la noche. En eso vio a una mujer que se dirigía
hacia una pequeña casa, y acercándose a ella vio que era una joven doncella.
Él le habló diciéndole:
-"Querida joven, ¿podríamos
mi sirviente y yo encontrar posada por esta noche en esa casita?"-
-"Oh, sí"-
respondió con una voz triste, -"ciertamente que podrían, pero les
aconsejo que no se aventuren a eso. No vayan."-
-"¿Por qué
no?"- preguntó el muchacho.
La joven suspiró y dijo:
-"Mi patrona practica
malas artes y siempre está indispuesta con los extraños."-
Entonces comprendió que
habían llegado a la casa de una bruja, pero como ya estaba oscuro y no podían
avanzar más, y también porque no era temeroso, entraron.
La vieja mujer estaba
sentada en una mecedora cerca del fuego, y miró al extraño con sus rojos ojos.
-"Buenas
noches"-gruñó ella, y fingió ser muy amable. -"Tomen un asiento y
descansen."-
Ella sopló el fuego en el
que estaba cocinando algo en una pequeña olla. Su criada les advirtió a los
dos viajeros que tuvieran prudencia, que no comieran ni bebieran nada, pues la
anciana preparaba bebidas envenenadas. Ellos durmieron en calma hasta el
amanecer. Cuando ya se alistaban para su salida, y el hijo del comerciante
estaba ya sentado sobre su caballo, la anciana dijo:
-"Paren un momento,
les daré una manita con una bebida para la partida."-
Mientras ella traía la
bebida, el joven se fue, y el sirviente, que tenía que tenía que abrochar
firmemente su silla de montar, fue el único que quedó presente cuando la
malvada bruja llegó con la bebida.
-"Llévale esto a tu
patrón."- dijo ella.
Pero en ese momento el
vaso se volcó y el veneno se regó sobre el caballo, y era tan fuerte que
inmediatamente el caballo cayó muerto.
El sirviente corrió tras
de su patrón y le contó lo que había sucedido, pero no quería dejar su silla
de montar tras de sí, y regresó a recogerla. Sin embargo cuando llegó donde
el caballo muerto, un cuervo estaba sobre él picoteándolo para devorarlo.
-"¿Quién sabe si
podremos encontrar algo mejor para hoy?"- dijo el sirviente.
Así que mató al cuervo y
se lo llevó. Y siguieron su camino dentro del bosque el resto del día, pero no
salían de él. Al anochecer encontraron una posada y entraron en ella. El
sirviente le dio el cuervo al posadero para que lo alistara para la cena. Pero
no sabían que habían llegado a una guarida de asesinos, y durante la oscuridad
de la noche, llegaron doce de ellos, con la intención de matar a los recién
llegados y robarles. Pero antes de cometer su objetivo, se sentaron a cenar, y
el posadero y la bruja se sentaron con ellos, y juntos tomaron un plato de sopa
que se había hecho con la carne del cuervo. No habían terminado de tomar un
par de cucharadas, cuando todos cayeron muertos, pues el cuervo les transmitió
el veneno que había picoteado del caballo. No quedó vivo nadie más en la
posada que la hija del posadero, quien era honesta, y nunca tomaba parte de sus
malvados actos. Ella le abrió todas la puertas al extraño, y le mostró los
tesoros que había apilados. Pero el muchacho le dijo que podía quedarse con
todo aquello, y que él no tomaría ninguna cosa. Y siguió su camino junto con
el sirviente.
Después de haber viajado
un largo trecho, llegaron a un pueblo en el cual había una bella, pero muy
orgullosa princesa, quien había mandado a proclamar que el hombre que le
propusiera a ella un enigma que ella no pudiera resolver, lo haría su esposo.
Pero eso sí, si ella resolvía el enigma, él sería encarcelado por todo un año.

Ella se daba tres días
para resolver el enigma, pero era una chica tan lista, que por lo general al
primer día ya tenía la respuesta. Nueve pretendientes purgaban ya la condena
por su intento, cuando llegó el hijo del comerciante, y cegado por el encanto
de la princesa, estuvo dispuesto a perder su libertad.
Entonces fue donde ella, y
le propuso su enigma.
-"¿Qué es"-
dijo -"uno que nunca mató a ninguno, y sin embargo mató a doce."-
Ella no sabía que sería
aquello, y pensó y pensó, pero no daba en la solución. Abrió cuanto libro de
enigmas tenía, pero no estaba escrito en ninguno. En resumen, sus conocimientos
llegaron a su fin. Como ya no sabía como ayudarse, le ordenó a su criada
introducirse en el dormitorio del joven y que escuchara sus sueños, y pensó
que quizás hablara dormido y delatara el enigma.
Pero el astuto sirviente
se había acostado en la cama de su patrón, y cuando la criada llegó, él le
jaló la capa con que se había cubierto, y la echó dándole de palos.
A la segunda noche,
la hija del rey envió a su criada de más confianza a ver si ella podía
tener éxito en la misión de escuchar. Pero el sirviente también le soltó la
capa, y la echó dándole de palos.
Ahora el joven se sintió
seguro por la tercera noche y se instaló en su cama. Pero ahora vino la
princesa en persona, que se había puesto una capa gris oscuro, y se sentó
cerca de él. Y cuando pensó que ya se había dormido profundamente y soñaba,
le habló, esperanzada en que dormido le contestaría, como muchos lo hicieron,
pero en realidad él estaba despierto, y entendía y oía perfectamente.
Entonces ella preguntó:
-"Uno que nunca mató
a ninguno, ¿qué es eso?"-
Él contestó:
-"Un cuervo, que comió
de la carne de un caballo que había muerto por veneno."-
Y ella preguntó aún más:
-"Y sin embargo mató
a doce, ¿qué es eso?"-
Él contestó:
-"Significa que doce
asesinos, que comieron de la carne del cuervo, murieron por ello."-
Cuando ella supo la
respuesta del enigma, ella quiso salir corriendo, pero él le agarró la capa
tan fuerte que se vio obligada a soltarla y dejarla abandonada. A la mañana
siguiente la hija del rey anunció que ya había adivinado la respuesta al
enigma, y enviopor los doce jueces, exponiendo la solución ante ellos. Pero el
joven pidió su derecho a la defensa y dijo:
-"Ella entró
subrepticiamente a mi habitación en la noche y me interrogó, de otro modo no
hubiera podido saber la respuesta."-
Los jueces dijeron:
-"Danos una prueba de
eso."-
Entonces su sirviente
presentó los tres mantos capturados, y cuando vieron el manto gris oscuro que
la hija del rey acostumbraba usar, dijeron:
-"Que ese manto sea
decorado con oro y plata, para que ella lo use en su boda con este joven."-
Y la boda se realizó, y
todos los que habían sido condenados por los enigmas previos, quedaron en
libertad inmediatamente.
Enseñanza:
Todo convenio debe
cumplirse limpiamente, sin engaños, tal como se acuerda.
|