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036-La Abeja Reina

Dos hijos de un rey
salieron una vez en busca de aventuras, y cayeron en un modo de vida tan salvaje
y desordenado, que nunca regresaron a su hogar. El más joven, llamado Simpletón,
salió en busca de sus hermanos, pero cuando al fin los halló, ellos se
burlaron de él, por haber pensado Simpletón, que con su
simplicidad, podría rodar por el ancho mundo, cuando ellos, que eran mucho más
listos, no pudieron encontrar un buen camino.
Sin embargo viajaron los
tres juntos, y llegaron a un gran nido de hormigas. El mayor quería destruirlo
para ver a las pequeñas hormigas corriendo desesperadas por el terror,
trasladando sus huevos a donde pudieran, pero Simpletón le dijo:
-"Deja a las
creaturas en paz. No permitiré que las molestes."-
Siguieron adelante hasta
un lago, donde nadaban un gran número de patos. Los dos hermanos mayores querían
capturar a un par y asarlos. Pero Simpletón no lo permitiría y dijo:
-"Dejen a las
creaturas en paz, no dejaré que los maten."-
Luego ellos llegaron a
donde había un panal de abejas, el cual tenía tanta miel que del tronco donde
estaba, chorreaba un grueso hilo de miel. Los dos mayores querían hacer un
fuego debajo del tronco para sofocar a las abejas y cogerles su miel, pero
Simpletón de nuevo los detuvo y les dijo:
-"Dejen a las
creaturas en paz, no dejaré que las quemen."-
Por fin los tres hermanos
llegaron a un castillo en cuyos establos había caballos de piedra, y no se veía
un solo ser humano. Y recorrieron todos los salones, hasta que casi al final
llegaron a un salón con una puerta con tres cerraduras. Sin embargo, en medio
de la puerta había una rendija, por medio de la cual podían ver hacia adentro.
Allí vieron a un pequeño
hombre gris sentado junto a una mesa. Ellos lo llamaron, una y dos veces, pero
él no oía. A la tercera vez, él se levantó, quitó las cerraduras y salió.
No dijo nada, pero sin embargo, los condujo a una mesa muy bien servida con
alimentos. Después de que ellos comieron y bebieron a satisfacción, el pequeño
hombre llevó a cada uno a una habitación donde durmieron esa noche.
A la mañana siguiente, el
pequeño hombre gris se acercó al mayor, y por medio de señas lo llevó hasta
una mesa de piedra donde estaban escritas tres tareas, mediante las cuales, si
se realizaban, el castillo quedaría libre y desencantado.
La primera era que en el
bosque, debajo del musgo, estaban regadas las perlas de la princesa, mil perlas
en total, que deberían ser recogidas, y que si a la puesta del sol faltaba una
sola perla, aquél que las estuvo buscando, se haría de piedra.
El mayor se dirigió allá,
y buscó durante todo el día, pero al caer el sol, solamente había encontrado
cien, y lo que se decía en la mesa sucedió, y él fue convertido en piedra.
Al otro día, el segundo
tomó la misión, pero sin embargo, no tuvo mayor suerte que su hermano, pues no
encontró mas que doscientas perlas, y también se hizo de piedra.
Al siguiente día le tocó
el turno a Simpletón, quien también buscó en el musgo. Pero era tan difícil
encontrar las perlas, y se avanzaba tan despacio, que se sentó sobre una piedra
a llorar. Y mientras eso sucedía, la reina de la hormigas, cuyo nido una vez él
salvó, vino con cinco mil hormigas, y sin mucho tardar, las pequeñas creaturas
habían juntado las mil perlas, y se las entregaron en un montón.
La segunda tarea era,
sacar del fondo del lago la llave del dormitorio de la hija del rey. Cuando
Simpletón llegó al lago, los patos que él había salvado, se sumergieron y
salieron nadando hacia él, llevándole la llave solicitada.
Pero la tercera tarea era
la más dificultosa. Entre las tres dormidas hijas del rey, debía de
encontrarse a la menor de ellas. Sin embargo, las tres eran físicamente idénticas,
y solamente podían reconocerse por los dulces que habían probado antes de caer
dormidas. La mayor probó un pedacito de azúcar, la segunda un sirope, y la
menor una cucharada de miel. Entonces llegó la reina de las abejas del panal
del tronco que Simpletón había defendido de ser quemado, y ella probó los
labios de las tres, y se quedó parada en la boca de la que había probado la
miel. Así Simpletón pudo reconocer a la princesa correcta.
Y con eso terminó el
encantamiento, y todos los que estaban dormidos despertaron y los convertidos en
piedra volvieron a su contextura normal. Simpletón se casó con la menor de las
princesas, y al faltar su padre el rey, él quedó en el trono, y sus hermanos
se formalizaron comportándose correctamente en adelante, y se casaron con
las otras dos hermanas.
Enseñanza:
En esta creación divina,
toda creatura, pequeña o grande, tiene su santa misión y debe respetársele.

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