035-Piel de Oso

Durante una guerra, hubo
una vez un joven que se enlistó como soldado, y se comportaba muy
valientemente, y siempre estaba en el frente a la hora de afrontar las balas.
Mientras duró la guerra, todo iba bien, pero cuando llegó la paz, recibió su
baja y el capitán le dijo que podría ir donde quisiera con su carabina. Sus
padres habían muerto, y ya no tenía un hogar, así que fue donde sus hermanos
y les pidió que lo aceptaran hasta que hubiera otra campaña militar. Los
hermanos, sin embargo, eran de duro corazón y le dijeron:
-"¿Qué podríamos
hacer contigo?, no nos servirías de nada. Vete y has tu propia vida."-
El soldado no tenía nada
excepto su carabina. Se la echó al hombro y se lanzó al ancho mundo. Llegó a
un páramo donde no había nada más que ver que un círculo de árboles, y se
sentó muy triste debajo de ellos, pensando sobre su destino.
-"No tengo
dinero"- pensó, -"no he aprendido nada, excepto sobre los combates, y
ahora que se hizo la paz, ya nadie me quiere ni me necesita, así que estoy
viendo que voy a pasar hambres."-
De pronto escuchó el
crujir de ramas, y cuando miró alrededor, un extraño hombre estaba parado
junto a él, quien usaba un abrigo verde y tenía la mirada fija, pero también
tenía un pie horriblemente partido en dos partes.
-"Ya yo sé de qué
estás necesitado"- dijo el hombre, -"oro y posesiones tendrás,
tantas como quieras proponerte, pero primero debo saber si no tienes miedo, para
que yo no invierta inútilmente mis riquezas."-
-"Un soldado y el
miedo, ¿cómo pueden esas dos cosas estar juntas?"- contestó él,
-"puedes ponerme a prueba."-
-"Muy bien"-
contestó el hombre, -"mira detrás de ti."-
El soldado dio media
vuelta y vio a un enorme oso, que venía gruñendo hacia él.
-"¡Ajá!"- gritó
el soldado, -"voy a hacerte cosquillas en la nariz, de modo que pronto
perderás tu gusto por estar gruñendo."-
Y apuntó hacia el oso
disparándole al hocico. Éste cayó y nunca más se levantó.
-"Ya veo muy
bien"- dijo el extraño, -"que no te falta el coraje, pero aún hay
otra condición que debes de cumplir."-
-"Si eso no pone en
peligro mi salvación."- replicó el soldado, que ya veía muy bien que era
el Diablo el que se encontraba a su lado -"De lo contrario, no tengo nada
que tratar."-
-"Míralo y decídelo
tú mismo"- contesto el del abrigo verde, -"tú deberás por los próximos
siete años, no lavarte, no peinar tu barba ni tu cabello, no cortarte las uñas,
ni decir un padrenuestro. Te daré un abrigo y una capa, que deberás usar todo
ese tiempo. Si murieras dentro de esos siete años, tú serás mío. Si
permaneces vivo, quedarás libre, e inmensamente rico por el resto de tus días."-
El soldado meditó sobre
la extrema posición en que se encontraba ahora, y como a menudo había
afrontado la muerte, resolvió correr el riesgo de nuevo y aceptó los términos.
El Diablo se quitó el abrigo verde, se lo dio al soldado y dijo:
-"Si tienes este
abrigo sobre tu espalda y metes tu mano en el bolsillo, siempre lo encontrarás
lleno de dinero."-
Entonces le quitó la piel
al oso y dijo:
-"Esta piel será tu
capa, y tu cama también, pues encima de ella deberás dormir, y no debes ir a
ninguna otra cama, y debido a toda esta indumentaria, serás llamado "Piel
de Oso."-
Después de eso, el Diablo
se desvaneció. El soldado se puso el abrigo, y de una vez buscó en el
bolsillo, y encontró que lo dicho era cierto. Entonces se puso la piel de oso y
siguió adelante por el mundo, y se regocijaba, no faltándole nada que fuera
bueno para él y malo para su bolsillo.
Durante el primer año su
apariencia fue aceptable, pero al segundo empezó a parecerse a un monstruo. Su
cabello tapaba toda su cara, su barba era como un pedazo de fieltro grueso, sus
dedos tenían uñas como garras, y toda su cara estaba con tal suciedad, que si
una semilla cayera allí, con seguridad nacería. Quien quiera que lo veía, salía
corriendo, pero como en todo lado daba dinero a los pobres para que rezaran por
él para que no muriera durante esos siete años, y además pagaba bien por
todo, siempre consiguió refugio.
Al cuarto año llegó a
una posada donde el posadero no lo recibía, y ni siquiera quería que
fuera al establo, pues tenía temor de que asustara a los caballos. Pero Piel de
Oso metió su mano en el bolsillo y sacó un puñado de monedas, y el dueño de
dejó persuadir a sí mismo y le dio un cuarto en una casa externa. Sin embargo,
Piel de Oso fue obligado a prometer que no se dejaría ver, para que la posada
no cogiera mal renombre.
Estaba Piel de Oso
sentado solo al atardecer, y deseando desde el fondo de su corazón que pronto
terminaran los siete años, oyó un fuerte lamento desde una habitación
contigua. Él tenía un corazón muy compasivo, así que abrió la puerta y vio
a un hombre mayor llorando amargamente y apretándose las manos. Piel de
Oso se le acercó, pero el hombre saltó sobre sus pies y trató de escapar de
él. Al fin, cuando el anciano percibió que la voz de Piel de Oso era humana
permitió que le hablara, y por medio de palabras amables Piel de Oso logró
convencerlo de que le revelara la causa de su angustia.

Sus ingresos habían
disminuido gradualmente, y él y sus hijas pasaban hambres, y estaba tan pobre
que tampoco tenía con qué pagar al dueño de la posada y lo iban a poner en
prisión.
-"Si ese es tu único
problema"- dijo Piel de Oso, -"yo tengo suficiente dinero."-
Él le pidió al posadero
que viniera donde ellos, le pagó la cuenta del señor y además puso una bolsa
llena de monedas dentro de los bolsillos del hombre.
Cuando el señor se vio a
sí mismo libre de todos sus problemas, no sabía cómo agradecer el gesto.
-"Ven conmigo"-
le dijo a Piel de Oso, -"mis hijas son todas buenas muchachas. Escoge una
de ellas para ser tu esposa. Cuando ellas oigan lo que has hecho por mí, no te
rechazarán. Tú en verdad luces un poco extraño, pero ellas pronto te aceptarán
correctamente."-
Eso le complació a Piel
de Oso, y se fue con él. Cuando la mayor de las hijas lo vio, se alarmó tan
terriblemente ante su cara, que gritó y salió corriendo espantada. La
segunda hija se quedó y lo miró de pies a cabeza, y dijo:
-"¿Cómo voy a
aceptar un esposo que ya no tiene una forma humana? Me gustaba más el oso
afeitado que vi una vez por aquí, y que parecía un hombre con sus guantes
blancos y uniforme de soldado. Si no fuera por lo feo, seguro que podría
acostumbrarme."-
La menor de ellas, sin
embargo, dijo:
-"Querido padre,
tiene que ser un buen hombre para que sin conocerte te haya ayudado a salir de
problemas, y si le prometiste una esposa por lo que hizo, tu promesa debe ser
cumplida. Yo no tengo inconveniente en aceptarlo."-
Fue una bendición que el
rostro de Piel de Oso estuviera tapado con la suciedad y el largo cabello, pues
si no, todos hubieran visto cuan contento se sentía de oír aquellas palabras.
Él se quitó un anillo de su dedo, lo quebró en dos partes, y le dio a la
joven una mitad, y se dejó la otra para él. Escribió su nombre en la mitad de
ella, y el nombre de ella en su mitad, y le rogó que guardara su mitad
cuidadosamente. Entonces se alistó para salir y le dijo:
-"Debo de retirarme
por tres años, y si para entonces no he regresado, quedarás libre de
compromiso, pues seguramente habré muerto. Pero reza a Dios para que me
conserve la vida."-
La pobre prometida novia
se vistió toda de negro, y cuando pensaba sobre su futuro esposo, sus ojos se
llenaban de lágrimas. Y ninguna otra cosa más que desprecio y mofa le llegaba
de sus hermanas mayores.
-"Ten cuidado"-
decía la mayor, -"si le das la mano, te clavará las uñas."-
-"Ponte viva"-
decía la segunda, -"A los osos les gusta la miel, y si eres dulce con él,
te comerá entera."-
-"Debes hacer todo
como a él le gusta"- dijo de nuevo la mayor, -"o si no te gruñirá."-
-"Pero la boda será
muy divertida"- continuó la segunda, -"los osos bailan muy
bien."-
La joven prometida
permaneció en silencio y no se dejó molestar por ellas. Piel de Oso, sin
embargo, viajó por el mundo de un lugar a otro, hizo el bien lo más que pudo,
y dio generosa ayuda a los pobres pidiéndoles que rezaran por él.
Por fin, cuando
terminó el último día de los siete años, Piel de Oso fue una vez más al páramo
y se sentó bajo el círculo de árboles. No pasó mucho rato cuando el viento
sopló, y el Diablo se paró junto a él, y lo miró disgustadamente, y
definitivamente que estaba muy molesto. Entonces le tiró a Piel de Oso su vieja
ropa de soldado, y le pidió que le devolviera su abrigo verde.
-"No hemos terminado
aún"- contestó Piel de Oso, -"primero debes dejarme limpio."-
Le gustara o no al Diablo,
se vio obligado a traer agua y lavar a Piel de Oso, peinarlo, y cortarle las uñas.
Después de todo eso, ya se veía como un bravo soldado, y mucho más apuesto
que como nunca había estado antes.
Cuando ya el Diablo
partió, Piel de Oso sintió su corazón aliviado. Fue a la ciudad, se puso un
magnífico abrigo de terciopelo, se montó en un carruaje tirado por cuatro
caballos blancos, y se dirigió a la casa de la prometida. Nadie lo reconocía.
El padre lo tomó como un distinguido general, y lo llevó a la habitación
donde se encontraban sus hijas.
A Piel de Oso no le quedó
más que sentarse entre las dos hermanas mayores quienes le trajeron vino, y le
dieron las mejores piezas de carne, y pensaron que en todo el mundo nunca
encontrarían un hombre más apuesto.
La prometida estaba
sentada al lado contrario con su vestido negro, y nunca levantó sus ojos ni
pronunció palabra alguna. Cuando por fin él preguntó al padre si daría a
alguna de sus hijas en matrimonio, las dos mayores saltaron y corrieron a sus
cuartos a ponerse espléndidos vestidos, pues cada una de ellas fantaseaba de
que sería la elegida. El extraño, en cuanto quedó solo con su prometida, sacó
su mitad del anillo y lo puso en el fondo de un vaso de vino que se lo pasó a
través de la mesa a la joven. Ella bebió el vino, y cuando lo hubo terminado,
encontró la mitad del anillo descansando en el fondo del vaso, y su corazón se
aceleró.
Ella tomó su otra mitad,
que usaba en una cinta alrededor de su garganta, junto a ambas mitades, y vio
que calzaban exactamente juntos. Entonces él dijo:
-"Soy tu novio
prometido, que conociste como Piel de Oso, pero por la gracia de Dios he
recibido de nuevo mi presencia humana, y una vez más volví a estar
limpio."-
Él se le acercó, la
abrazó y la besó. Mientras tanto las dos hermanas regresaron todas muy bien
vestidas, y cuando vieron que el apuesto hombre estaba junto a la más joven, y
oyeron que él era Piel de Oso, se retiraron rápidamente llenas de rabia y
dolor. Pero el tiempo les sanaría las heridas y aceptaron el buen discurrir de
los acontecimientos, deseando para los nuevos esposos mucha felicidad para el
resto de sus días.
Enseñanza:
En momentos de prueba, la
fe y la perseverancia conducen a un final feliz.

|