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125 CUENTOS DE HADAS DE LOS HERMANOS GRIMM
EN ESPAÑOL |
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Presione aquí si desea ver la versión original de Charles Perrault Hace
muchos años vivían un rey y una reina quienes cada día decían: -"¡Ah, si al menos
tuviéramos un hijo!"- Pero el hijo no llegaba.
Sin embargo, una vez que la reina tomaba un baño, una rana saltó del agua a la
tierra, y le dijo: -"Tu deseo será
realizado y antes de un año, tendrás una hija."- Lo que dijo la rana se
hizo realidad, y la reina tuvo una niña tan preciosa que el rey no podía
ocultar su gran dicha, y ordenó una fiesta. Él no solamente invitó a sus
familiares, amigos y conocidos, sino también a un grupo de hadas, para que
ellas fueran amables y generosas con la niña. Eran trece estas hadas en su
reino, pero solamente tenía doce platos de oro para servir en la cena, así que
tuvo que prescindir de una de ellas. La fiesta se llevó a cabo
con el máximo esplendor, y cuando llegó a su fin, las hadas fueron obsequiando
a la niña con los mejores y más portentosos regalos que pudieron: una le regaló
la Virtud, otra la Belleza, la siguiente Riquezas, y así todas las demás, con
todo lo que alguien pudiera desear en el mundo. Cuando la decimoprimera de
ellas había dado sus obsequios, entró de pronto la decimotercera. Ella quería
vengarse por no haber sido invitada, y sin ningún aviso, y sin mirar a nadie,
gritó con voz bien fuerte: -"¡La hija del rey,
cuando cumpla sus quince años, se punzará con un huso de hilar, y caerá
muerta inmediatamente!"- Y sin más decir, dio
media vuelta y abandonó el salón. Todos quedaron atónitos,
pero la duodécima, que aún no había anunciado su obsequio, se puso al frente,
y aunque no podía evitar la malvada sentencia, sí podía disminuirla, y dijo: -"¡Ella no morirá,
pero entrará en un profundo sueño por cien años!"- El rey trataba por todos
los medios de evitar aquella desdicha para la joven. Dio órdenes para que toda
máquina hilandera o huso en el reino fuera destruido. Mientras tanto, los
regalos de las otras doce hadas, se cumplían plenamente en aquella joven. Así
ella era hermosa, modesta, de buena naturaleza y sabia, y cuanta persona la
conocía, la llegaba a querer profundamente. Sucedió que en el mismo día
en que cumplía sus quince años, el rey y la reina no se encontraban en casa, y
la doncella estaba sola en palacio. Así que ella fue recorriendo todo sitio que
pudo, miraba las habitaciones y los dormitorios como ella quiso, y al final llegó
a una vieja torre. Ella subió por las angostas escaleras de caracol hasta
llegar a una pequeña puerta. Una vieja llave estaba en la cerradura, y cuando
la giró, la puerta súbitamente se abrió. En el cuarto estaba una anciana
sentada frente a un huso, muy ocupada hilando su lino. -"Buen día, señora."-
dijo la hija del rey, -"¿Qué haces con eso?"- -"Estoy
hilando."- dijo la anciana, y movió su cabeza. -"¿Qué es esa cosa
que da vueltas sonando tan lindo?"- dijo la joven. Y ella tomó el huso y
quiso hilar también. Pero nada más había tocado el huso, cuando el mágico
decreto se cumplió, y ella se punzó el dedo con él.
En cuanto sintió el
pinchazo, cayó sobre una cama que estaba allí, y entró en un profundo sueño.
Y ese sueño se hizo extensivo para todo el territorio del palacio. El rey y la
reina quienes estaban justo llegando a casa, y habían entrado al gran salón,
quedaron dormidos, y toda la corte con ellos. Los caballos también se durmieron
en el establo, los perros en el césped, las palomas en los aleros del techo,
las moscas en las paredes, incluso el fuego del hogar que bien flameaba, quedó
sin calor, la carne que se estaba asando paró de asarse, y el cocinero que en
ese momento iba a jalarle el pelo al joven ayudante por haber olvidado
algo, lo dejó y quedó dormido. El viento se detuvo, y en los árboles cercanos
al castillo, ni una hoja se movía. Pero alrededor del
castillo comenzó a crecer una red de espinos, que cada año se hacían más y más
grandes, tanto que lo rodearon y cubrieron totalmente, de modo que nada de él
se veía, ni siquiera una bandera que estaba sobre el techo. Pero la historia de
la bella durmiente "Preciosa Rosa", que así la habían llamado, se
corrió por toda la región, de modo que de tiempo en tiempo hijos de reyes
llegaban y trataban de atravesar el muro de espinos queriendo alcanzar el
castillo. Pero era imposible, pues los espinos se unían tan fuertemente como si
tuvieran manos, y los jóvenes eran atrapados por ellos, y sin poderse liberar,
obtenían una miserable muerte. Y pasados cien años, otro
príncipe llegó también al lugar, y oyó a un anciano hablando sobre la
cortina de espinos, y que se decía que detrás de los espinos se escondía una
bellísima princesa, llamada Preciosa Rosa, quien ha estado dormida por cien años,
y que también el rey, la reina y toda la corte se durmieron por igual. Y además
había oído de su abuelo, que muchos hijos de reyes habían venido y tratado de
atravesar el muro de espinos, pero quedaban pegados en ellos y tenían una
muerte sin piedad. Entonces el joven príncipe dijo: -"No tengo miedo, iré
y veré a la bella Preciosa Rosa."- El buen anciano trató de
disuadirlo lo más que pudo, pero el joven no hizo caso a sus
advertencias. Pero en esa fecha los cien
años ya se habían cumplido, y el día en que Preciosa Rosa debía despertar
había llegado. Cuando el príncipe se acercó a donde estaba el muro de
espinas, no había otra cosa más que bellísimas flores, que se apartaban unas
de otras de común acuerdo, y dejaban pasar al príncipe sin herirlo, y luego se
juntaban de nuevo detrás de él como formando una cerca. En el establo del castillo
él vio a los caballos y en los céspedes a los perros de caza con pintas
yaciendo dormidos, en los aleros del techo estaban las palomas con sus cabezas
bajo sus alas. Y cuando entró al palacio, las moscas estaban dormidas sobre las
paredes, el cocinero en la cocina aún tenía extendida su mano para regañar al
ayudante, y la criada estaba sentada con la gallina negra que tenía lista para
desplumar. Él siguió avanzando, y
en el gran salón vio a toda la corte yaciendo dormida, y por el trono estaban
el rey y la reina. Avanzó aún más, y todo
estaba tan silencioso que un respiro podía oírse, y por fin llegó hasta la
torre y abrió la puerta del pequeño cuarto donde Preciosa Rosa estaba dormida.
Ahí yacía, tan hermosa que él no podía mirar para otro lado, entonces se
detuvo y la besó. Pero tan pronto la besó, Preciosa Rosa abrió sus ojos y
despertó, y lo miró muy dulcemente. Entonces ambos bajaron
juntos, y el rey y la reina despertaron, y toda la corte, y se miraban unos a
otros con gran asombro. Y los caballos en el establo se levantaron y se
sacudieron. Los perros cazadores saltaron y menearon sus colas, las palomas en
los aleros del techo sacaron sus cabezas de debajo de las alas, miraron
alrededor y volaron al cielo abierto. Las moscas de la pared revolotearon de
nuevo. El fuego del hogar alzó sus llamas y cocinó la carne, y el cocinero le
jaló los pelos al ayudante de tal manera que hasta gritó, y la criada desplumó
la gallina dejándola lista para el cocido. Días después se celebró
la boda del príncipe y Preciosa Rosa con todo esplendor, y vivieron muy felices
hasta el fin de sus vidas. Enseñanza: Cuando las circunstancias
son propicias, las dificultades se desvanecen.
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